viernes, 18 de septiembre de 2015

Brujas: Joya europea

Mi idea de viajar a Europa tenía un objetivo: Conocer las grandes ciudades como Londres, París y Roma incluyendo sus majestuosos íconos tan conocidos como el Big Ben, la Torre Eiffel y el Coliseo. Y debo reconocer que ese era mi gran anhelo, y el motivo por el que me realicé mi viaje. Comencé a fraguar el viaje y poco a poco fue agarrando forma.


Todo comenzó el 13 de Abril de 2014, fecha en que pisé por primera vez tierras europeas a mi llegada a París. El viaje comenzó muy bien, conocí París y sus íconos más representativos como la torre Eiffel y el Arco del Triunfo entre otros; después Londres con el famoso Big Ben y el palacio de Buckingham. El recorrido incluía otro de mis destinos: Roma, lugar del maravilloso Coliseo y fin de nuestro viaje. Pero antes de llegar a nuestro destino el circuito que contraté incluía otras paradas, que en mi opinión eran menores, ya que mi objetivo principal era Roma.


El recorrido continuó por Bélgica, país que no pretendía visitar si lo hubiera hecho por mi cuenta, ya que yo deseaba conocer otras de las grandes ciudades como Ámsterdam y Roma. Pero toda mi percepción cambió al llegar a Brujas, una pequeña ciudad al noroeste de Bélgica. Para llegar a la ciudad desde el lugar donde nos dejó el autobús, había que cruzar unos jardines preciosos que eran la antesala de la belleza de esta ciudad medieval.


El recorrido por los jardines, que en mi percepción no tardó más de 10 minutos, fue bellísimo, minutos en los que a cada paso se podía apreciar la belleza de la naturaleza combinada con el recuerdo de la grandeza de la época medieval de la ciudad. La naturaleza haciendo gala de su magnífica presencia, mediante la bienvenida del lago y sus bellos árboles que dibujaban un paisaje de postal hacía cada vez más grata mi visita a ese lugar. Aún recuerdo la belleza de esos lugares, lugares que mis ojos no habían visto nunca y que gritaban la historia de una ciudad que fue muy próspera en sus tiempos en los que fue un centro comercial portuario.



Después continuamos recorriendo las calles de la ciudad, que no dejó de sorprenderme. Cada rincón de la ciudad mediante el encanto de sus calles adoquinadas, la belleza de sus casas y comercios; y el orgullo de sus edificios medievales me transportaban a un lugar de cuentos, de esos leídos en mi infancia que me trasladaban a lugares de épocas antiguas en las que había castillos habitados por reyes y su ejército de caballeros. Pude llegar a imaginar cómo ese maravilloso lugar llamado Brujas había sido de inspiración para numerosas historias de aventura e incluso de amor. Sin duda alguna un viaje al pasado.

Algo que llamó mi atención fue que aún se utilizan los carruajes de caballos dándole un aire aún más mágico. Mientras caminábamos se podía observar nuestro destino la torre del campanario de Brujas, en el centro histórico rodeado por espectaculares canales que debían ser atravesados por bellos puentes que daban un aire romántico. Al llegar a la plaza Mayor no pude contener mi asombro por ver tantos edificios magníficos llenos de historia. Construcciones de todo tipo con numerosas torrecillas en picos que hacen notar el estilo gótico reinante en la época. Fachadas marmoleadas, blancas, con tonalidades rojizas o grises con dorado con numerosos ventanales y fastuosos adornos que recordaban la majestuosidad de su historia.


Al término del tiempo dado para nuestra estancia en Brujas, volvimos al lugar donde nos había dejado el autobús, en ese momento supe que había conocido un lugar mágico. Me despedí del lugar con la mirada fija en el cristal esperando algún día volver.


Hoy puedo decir que Brujas, me embrujó. La pequeña ciudad belga, no le pide nada a las grandes urbes, por el contrario es una joya europea que no debe pasar desapercibida. Una gran experiencia el caminar por sus calles, no sé si tenga la fortuna de visitar nuevamente esta gran ciudad, pero sé que estos recuerdos estarán presentes en mi mente viajando emocionalmente a ese maravilloso lugar que un 19 de Abril cambió mi percepción y que ahora forma parte de mis destinos favoritos y una de las anécdotas de mi vida que espero contar a mis hijos.




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