Mi idea de viajar a Europa tenía un objetivo: Conocer las grandes ciudades como Londres, París y Roma incluyendo sus majestuosos íconos tan conocidos como el Big Ben, la Torre Eiffel y el Coliseo. Y debo reconocer que ese era mi gran anhelo, y el motivo por el que me realicé mi viaje. Comencé a fraguar el viaje y poco a poco fue agarrando forma.
Todo comenzó el 13 de Abril de 2014, fecha en que pisé por primera vez tierras europeas a mi llegada a París. El viaje comenzó muy bien, conocí París y sus íconos más representativos como la torre Eiffel y el Arco del Triunfo entre otros; después Londres con el famoso Big Ben y el palacio de Buckingham. El recorrido incluía otro de mis destinos: Roma, lugar del maravilloso Coliseo y fin de nuestro viaje. Pero antes de llegar a nuestro destino el circuito que contraté incluía otras paradas, que en mi opinión eran menores, ya que mi objetivo principal era Roma.
El recorrido continuó por Bélgica, país que no pretendía visitar si lo hubiera hecho por mi cuenta, ya que yo deseaba conocer otras de las grandes ciudades como Ámsterdam y Roma. Pero toda mi percepción cambió al llegar a Brujas, una pequeña ciudad al noroeste de Bélgica. Para llegar a la ciudad desde el lugar donde nos dejó el autobús, había que cruzar unos jardines preciosos que eran la antesala de la belleza de esta ciudad medieval.
Después continuamos recorriendo las calles de la ciudad, que no dejó de sorprenderme. Cada rincón de la ciudad mediante el encanto de sus calles adoquinadas, la belleza de sus casas y comercios; y el orgullo de sus edificios medievales me transportaban a un lugar de cuentos, de esos leídos en mi infancia que me trasladaban a lugares de épocas antiguas en las que había castillos habitados por reyes y su ejército de caballeros. Pude llegar a imaginar cómo ese maravilloso lugar llamado Brujas había sido de inspiración para numerosas historias de aventura e incluso de amor. Sin duda alguna un viaje al pasado.
Al término del tiempo dado para nuestra estancia en Brujas, volvimos al lugar donde nos había dejado el autobús, en ese momento supe que había conocido un lugar mágico. Me despedí del lugar con la mirada fija en el cristal esperando algún día volver.
Hoy puedo decir que Brujas, me embrujó. La pequeña ciudad belga, no le pide nada a las grandes urbes, por el contrario es una joya europea que no debe pasar desapercibida. Una gran experiencia el caminar por sus calles, no sé si tenga la fortuna de visitar nuevamente esta gran ciudad, pero sé que estos recuerdos estarán presentes en mi mente viajando emocionalmente a ese maravilloso lugar que un 19 de Abril cambió mi percepción y que ahora forma parte de mis destinos favoritos y una de las anécdotas de mi vida que espero contar a mis hijos.
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